dijous, 9 / juliol / 2009

ALEMANIA Y KAKANIA TRAS EL CONGRESO DE VIENA DE 1814-1815


Escudo del Imperio Austro-Húngaro


Una de las consecuencias directas de las decisiones del citado congreso y que seria decisivo para una futura Alemania fue el hecho de que Prusia perdiera sus anteriores posesiones polacas y ganase unos territorios que actualmente son la Renania del Norte y Westfalia. De este modo Prusia se germanizó y se abrió a Occidente, más tarde lograría lo que en un futuro sería el área industrial alemana y logro conectar Alemania occidental y Alemania oriental.
También, tal y como se ha dicho en otros posts, la Confederación Alemana fue la sucesora del Sacro Imperio Romano-Germánico y fue fundada en la ciudad alemana de Francfort, ya que era en esta ciudad donde se elegían a los monarcas alemanes en la antigüedad. Esta Confederación estaba formada por treinta y nueve estados independientes, algunos de los cuales, como Baviera, Baden y Württemberg, se correspondían ya prácticamente con los estados federales de la actualidad, aunque la Baja Sajonia actual se llamaba Principado de Hannover, la Renania del Norte/Westfalia era prusiana y Essen estaba dividido en el Principado de Essen y el Gran Ducado de Essen. También estaban en dicha Confederación el Principado de Waldeck y el Ducado de Brunswick, ambos estados independientes. Los territorios austriacos, incluida la actual República Checa (Bohemia), también pertenecían a la Confederación Alemana. Pero tanto Prusia como Austria poseían inmensos territorios situados fuera de la Confederación Germánica. Prusia tenía en su poder Prusia occidental y Prusia oriental, así como la provincia polaca de Posen. Austria, por su parte, no hacía honor a su nombre ("Österreich": Imperio Oriental), pues al inicio de la época del nacionalismo y la democracia, era propiamente un ente imposible: se la llamaba indistintamente Austria-Hungría, La Monarquía de los Habsburgo, la Doble monarquía, la Monarquía del Danubio, o, como la llama Musil en su novela "El hombre sin cualidades", KAKANIA (de "K y K": Kaiserlich-Königlich, o lo que es lo mismo: imperial-real). Además de los territorios alemanes y bohemios/Checos, Austria poseía lo que hoy en día es Hungría, Eslovaquia, el sur de Polonia, Eslovenia, Croacia, el noroeste de Rumania (Transilvania), Bukovina, el sur de Tirol y luego también Bosnia.
Austria dio la independencia a Bélgica, la cual se uniría a Holanda (con el fin de crear un estado más fuerte ante una eventual agresión francesa), aunque ambas naciones finalmente se enemistarían entre ellas y Bélgica volvería a independizarse en 1830. Las otras potencias europeas garantizaron la neutralidad belga, aunque sería violada por el imperio alemán en la I Guerra Mundial.


Bandera de Austria-Hungría

No hay que olvidar que para Austria-Hungría los movimientos nacionalistas, incluidos los de los estados alemanes, eran puro veneno porque amenazaban su propia existencia. Por ese motivo hasta el año 1848, año en que se produjeron las revoluciones del 48, el astuto Canciller austríaco Metternich se dedicó de lleno a ahogar todos los movimientos nacionalistas y democráticos que se produjeron en el seno de la Confederación Germánica. Debemos recordar, por los anteriores posts, que Alemania sólo podía alcanzar su unidad nacional incorporando a Austria o echándola. Conviene recordar que a estas dos soluciones se las llamó, respectivamente, "gran Alemania", a la posición de Austria de crear un gran estado alemán que incluyera a todos los estados alemanes y a Austria y a su imperio, y "pequeña Alemania", tesis defendida por Prusia que excluía a Austria de Alemania.

La Santa Alianza (creada por las potencias vencedoras tras derrotar al emperador Napoleón I), y con especial incapie Austria, seguía obstaculizando la unidad nacional de Alemania, y de esta manera el nacionalismo alemán fue adquiriendo, de forma paulatina, un talante frustrado, lleno de resentimiento y malicioso. Tras el fracaso de la revolución liberal de 1848, en la que nacionalismo y democracia todavía se fortalecían mutuamente, quedó preparado el terreno para la separación del nacionalismo alemán de la tradición democrática. Tengamos presente que esta separación ocurrió tan sólo en Alemania, ya que para los ingleses y los franceses, el Estado nacional y la democracia serán una misma cosa, y su propio nacionalismo creará las bases para desarrollar su democracia.

dissabte, 20 / juny / 2009

"LA CUESTIÓN DE ORIENTE" EN EL SIGLO XIX.

Sin duda alguna la denominada "Cuestión de Oriente", es una de las más conflictivas en la política europea del siglo XIX, cuestión provocada por el renacimiento de los movimientos nacionalistas y, de forma especial, en los Balcanes. Todo este fenómeno fue propiciado por el gradual debilitamiento del antaño poderoso imperio otomano, por las nada disimuladas ambiciones imperialistas de Rusia, la cual, a la vez que favorecía el movimiento paneslavista en la Europa Central, reprimía ferozmente el movimiento patriótico polaco, y por la orientación más marcada de la política del imperio austríaco hacía el este de Europa a medida que el Sacro Imperio escapaba a su tutela. No hay que olvidar la sempiterna aspiración de los húngaros a su emancipación y su pretención de dominar sobre las otras etnias de su territorio histórico, ni se nos pueden escapar los intereses diplomáticos de Francia y Gran Bretaña, a menudo antagónicos, para ver claramente lo complicado de la situación


El imperio otomano y los nuevos estados surgidos de su disgregación

De entre todas las nacionalidades integradas en el imperio otomano, los serbios (bajo la dominación otomana desde 1389) fueron los primeros en levantarse contra la Sublime Puerta , la cual respondió con una implacable represión que conllevó a una revuelta generalizada al mando de Karagiorje en 1804, el cual contó con el apoyo ruso. Esta rebelión no fue sofocada hasta 1813, aunque renació con más ímpetu bajo la conducción de Milos Obrenovic, el cual consiguió el inesperado apoyo de Austria. Obrenovic logró arrebatar al sultán una amplia autonomía para Serbia así como la participación en la administración de justicia, el mantenimiento de una milicia y la convocatoria de una Asamblea Nacional, aunque Serbia seguía siendo una provincia otomana.

Rusia y Gran Bretaña apoyaron la insurrección helénica, más tardía que la Serbia, pero mucho más radical e inspirada en la revolución francesa, logro ser un modelo para el romanticismo europeo. El imperio otomano aún era poseedor de un importante poderío militar y así lo demostró contra los griegos, siendo necesaria la victoria naval anglofrancesa en Navarino y estando el ejercito ruso a las puertas de Istambul para lograr convencer al Sultán de otorgar y reconocer la autonomía griega en 1829.

Esta victoria helénica tuvo una repercusión inmediata en Rumanía, donde los principados de Valaquia y Moldavia obtuvieron simultáneamente la autonomía, mientras que el ejemplo de los serbios hizo aumentar la efervescencia patriótica entre los montenegrinos y los búlgaros; Montenegro fue conquistado por los turcos en 1499, pero una gran parte de sus inaccesibles montañas nunca fue sometida y desde allí los rebeldes montenegrinos atacaban las ciudades dominadas por los turcos. Desde este momento, los días de la dominación otomana en los Balcanes estaban contados.


Creación de los nuevos estados en los Balcanes: Grecia, Serbia, Montenegro, Rumania, Bulgaria y Albania

Este renacimiento de las nacionalidades no sacudió solamente al imperio otomano. El imperio de los Habsburgo hubiera podido muy bien, alejándose de sus intereses en Alemania, crear las bases de una federación multinacional danubiana, embrión de un imperio renovado: pero el conservadurismo de Metternich (como hemos visto en anteriores posts) malogró esta oportunidad histórica. Los checos (Bohemia) iniciaron su resurgimiento nacional; las minorías rumanas de Transilvania comenzaron a agitarse; los italianos de Milán y de Venecia no se resignaron a la dominación germánica de Austria, lo mismo que los polacos de Galitzia; también los croatas y los eslovenos empezaron a soñar con un estado eslavo independiente y en una posible unión con los serbios, a pesar de sus diferencias de religión y cultura.
En el seno de este movimiento centrifugo, el creciente nacionalismo húngaro tuvo efectos contradictorios. Los magiares querían también acabar con la germanización, pero sin renunciar a dominar las etnias vecinas. Éstas veían en ellos, por ser los más próximos, a sus más peligrosos enemigos. Esto explica que las tropas croatas combatieran al lado de los austríacos contra la revolución húngara de 1849, y también que la transformación del viejo imperio en la monarquía dual de Austria-Hungría, ocurrida tardíamente en 1867, no pudiera impedir que se precipitara la disgregación del imperio de los Habsburgo.


Europa en el año 1850


Rusia vio en los movimientos nacionalista un instrumento para sus propias ambiciones sobre la Sublime Puerta la posibilidad de conseguir el acceso de su armada a aguas libres de hielo todo el año. Mientras tanto, Austria, empujada por Prusia fuera de Alemania desde 1815, desarrolló un renovado papel en los Balcanes. Debido a su desconfianza del nacionalismo de los eslavos balcánicos, se convirtió en protectora del imperio otomano. Como respuesta, Rusia aumentó su apoyo a los enemigos de Austria y de los otomanos. Estos, a su vez, gozaban de la protección del principal enemigo de Rusia, Gran Bretaña, a la cual se sumó Francia a principios de 1850.
Después de una disputa sobre los Santos Lugares de Palestina, el 21 de junio de 1853 Rusia ocupó los principados de Valaquia y de Moldavia como "garantía material" de concesiones a sus "justas exigencias" en Palestina. El 4 de octubre de ese mismo año el imperio otomano declaró la guerra a Rusia, como lo hicieron más tarde Gran Bretaña y Francia, que creyeron que la integridad del imperio otomano estaba en juego. Austria permaneció neutral, perjudicando de ese modo a Rusia. Las fuerza rusas sufrieron un gran desgaste en Crimea hasta la muerte del zar Nicolás I en febrero de 1855 y su sucesor, Alejandro II, negoció la paz.
El resultado de esta guerra de Crimea frenó las ambiciones de Rusia sobre los Balcanes y puso fin al dominio ruso en el sudeste europeo. El tratado de París de 1856 abrió el Danubio a la navegación internacional y aseguró la neutralidad del Mar Negro. La integridad territorial del imperio otomano y su independencia quedaron garantizadas, asi como las libertades serbias. La elección del boyardo moldavo Alejandro Juan Cuza (1820-1873) en 1859 como principe de Moldavia y de Valaquia preparó la unificación de ambos principados en Rumania, cuya independencia formal fue alcanzada en 1878. Sin embargo, el imperio otomano continuó su decadencia hasta 1814.


Abdülmecit I, sultán otomano de 1839 a 1861

diumenge, 31 / maig / 2009

ALEMANIA DESDE LA REVOLUCIÓN FRANCESA


Federico Guillermo III, rey de Prusia y elector de Brandemburgo


Creo interesante realizar, a breves trazos, un comentario sobre la evolución que sufrió Alemania a partir de 1789, año de la revolución francesa, y que cambiarían el mapa y la historia de Europa, influyendo en el futuro de la monarquía austríaca.
Empezaremos diciendo que una fracción importante de la inteligencia alemana acogió favorablemente la Revolución de 1789, aunque fue alejándose de la misma al comprobar que giraba hacía un carácter terrorista y expansionista. Si bien es cierto que los ejércitos franceses fueron aclamados por un pequeño número de intelectuales (como en Maguncia), la opinión pública se mostró bastante pasiva ante las guerras dinásticas contra la Francia revolucionaria. Finalmente todas estas guerras conllevaron a la anexión por Francia de la orilla izquierda del río Rin, anexión que tuvieron que reconocer tanto Prusia (Tratado de Basilea de 1795) como el imperio austríaco (Tratado de Lunéville de 1801), pasando a manos francesas territorios históricos del sacro imperio. Pero no acabó aquí la cosa, en la dieta de Ratisbona (1802) se simplificó el mapa político de Alemania, siempre en beneficio de los "clientes" alemanes de Francia, eliminando principados y anexandolos a otros estados. Finalmente, como ya hemos indicado en otras ocasiones, se llegó a la desaparición del Sacro Imperio romano-germánico en 1805, y se creó la confederación del Rin, cuyo jefes de estado (los reyes de Baviera y Wurtembureg, el gran duque de Baden, etc...) estaban unidos por matrimonio a la dinastía napoleónica y buscaron, al igual que en Francia, una modernización de las instituciones y de la sociedad, mimetizandose con las reformas francesas pero siempre bajo el espíritu del despotismo ilustrado.

De todas formas, la obra napoleónica sólo tuvo una existencia efímera, ya que en el conjunto de países conquistados o amenazados de serlo, explotó una viva reacción patriótica, la cual se apoyó en la resurrección del pensamiento nacional y en el romanticismo, el cual oponía el igualitarismo abstracto de los franceses al valor de la historia, a la comparación del estado a un organismo vivo y al respeto de las jerarquías sociales.

Pero la orientación que tomó todo este movimiento de liberación fue lo que inquietó, cuando cayó Napoleón, a los partidarios del Antiguo Régimen.



Maximiliano I, elector y primer rey de Baviera


De esta manera y preocupado ente todo de restablecer en Alemania el dominio de Austria, en el congreso de Viena de 1815 el canciller austríaco Metternich se erigió en defensor de la reorganización de Alemania bajo la forma de na confederación de 38 estados, con un solo organismo común, una dieta formada por los delegados de los respectivos gobiernos y presidida por Austria, en la que, finalmente, sería necesaria la unanimidad para todas las grandes decisiones. En el pensamiento de Metternich, para quien el equilibrio entre los estados y en el interior de éstos constituía el eje de su "sistema", era importante preservar a Alemania (y a Italia, donde los Habsburgo tenían intereses) de toda evolución hacia las ideas unitarias y constitucionales; por ello era necesario que los soberanos, reunidos periódicamente en asamblea, crearan una policía internacional contra la revolución, que actuara como un mitológica hidra dispuesta a engullirlo todo a su paso. En este afán de preservar el orden monárquico (y con ello la existencia de la misma Austria) y la jerarquía aristocrática, lo que sólo podía garantizarse mediante un estrecho entendimiento entre Austria y Prusia, Metternich podía apoyarse en la necesidad de paz tras las guerras napoleónicas y en la orientación conservadora de la sociedad influida por los efectos del romanticismo así como con el despertar religioso de los pueblos (tanto católicos como protestante).



Príncipe de Metternich, canciller de Austria


De este modo, y bajo la influencia de Metternich, la obra reformadora en Prusia (iniciada durante la etapa napoleónica) quedo totalmente detenida. Pero en toda Alemania ya empezaban a trabajar una fuerzas progresistas a menudo de forma exaltada, como el caso de la Burschenschaft (organización patriótica estudiantil alemana), las cuales chocaron repetidamente con la brutal represión policíaca y la censura establecidas por Metternich. No obstante, y aprovechando el hecho de que los soberanos de la Alemania de sur habían dado su conformidad a unas constituciones para unificar bajo idénticas leyes territorios hasta entonces dispares, un cierto número de burgueses liberales se aferraron a estas nuevas instituciones para orientarlas en favor del constitucionalismo, ya fuera según el patrón francés o el patrón de autogobierno británico, y aunque se corrió el riesgo del radicalismo de dichas posturas los medios de represión de los soberanos lo impidieron.


Fracisco I emperador de Austria y último emperador del Sacro Imperio

divendres, 1 / maig / 2009

LA GUERRA AUSTRO-PRUSIANA. EL DESENLACE FINAL

Cuadro sobre la batalla de Sadowa

¿Qué decisión tomará Napoleón III?. Francia estaba dividida en esta guerra: el emperador Napoleón era favorable a Prusia y, en cambio, la emperatriz Eugenia apoyaba incondicionalmente a la católica Austria por el miedo que le despertó el enorme potencial bélico prusiano en la batalla de Sadowa y el temor a una posible invasión de Francia en cualquier momento, "cualquier noche nos acostamos franceses y nos levantamos prusianos" dirá Eugenia, aunque no logrará convencer ni al gobierno francés ni a su marido, ya que este último teme cualquier enfrentamiento con el ejercito prusiano.
El 2 de julio, la víspera de la batalla de Sadowa, Francisco José de Austria pedirá a Napoleón III que obtenga el armisticio en Italia y firme el tratado de cesión de Venecia para que, de este modo, Francia ocupe el territorio veneciano y Austria se vea libre de posibles trampas de los italianos si son ellos los que ocupan Venecia. El emperador austríaco es de la opinión que es mejor ceder Venecia a perder territorios alemanes.

Austria (rojo) y sus aliados (rosa) Prusia (azul marino) y sus aliados (azul celeste)
En verde los estados neutrales

Austria (rojo) sus aliados (rosa). Prusia (azul oscuro) y sus adquisiciones territoriales (azul celeste) tras la guerra


Napoleón III declarará: "Hemos ganado Venecia para otros y, en cambio, hemos perdido Renania", y a ello el conde Fleury replicará : "No hemos perdido absolutamente nada, sire; por el contrario, es ahora o nunca cuando tenemos la oportunidad de reconstruir el mapa de Europa".

Así, pues, el emperador francés tendrá que decidir entre ceder a la "encantadora" diplomacia de Guillermo I y a una paz inmediata, que podría llevar a una guerra inminente entre Francia y Alemania; o bien aliarse con Austria para frenar las ambiciones prusianas e italianas, con el peligro de entrar en guerra con ambas naciones. Para evitar problemas, Napoleón negociará en detrimento de Austria, con lo cual va a ayudar a la creación de una gran Prusia. Comunicará al embajador austríaco en París su postura y recomendará a Austria el que acepte el armisticio que pueda ofrecerle Prusia.

Eugenia, emperatriz de los franceses

Para la firma del armisticio Prusia exigirá la aceptación de unos preliminares de Paz, en los cuales será condición sine qua non la salida de Austria de la Confederación Germánica, porque, para Prusia, el resto carecerá de toda importancia. El resto de lo preliminares, básicamente, serán los siguientes:
-Se respetará la integridad territorial del imperio austríaco, salvo Venecia que ya que sido cedida.
-El pago de una indemnización de 20 millones de florines por parte de Austria a Prusia.

Francia, con el apoyo de Bismarck, va a ayudar a que se cumplan estas condiciones y a convencer al rey prusiano Guillermo I a que renuncie a Bohemia (ya que quería anexarla a Prusia). Bismarck hará ver a su soberano la conveniencia de respetar la integridad territorial de Austria ya que en un futuro puede ser una valiosa aliada.


Kaiserin Elisabeth de Austria

Recapitulando, hemos de decir que tras la derrota en Sadowa el ambiente en Viena estaba muy enrarecido. Cada día llegan a la capital imperial miles de heridos en la guerra, a los cuales consolará la emperatriz Elisabeth, ganandose las simpatías de sus súbditos. En cambio el emperador Francisco José se ha hecho muy impopular, ya que la opinión pública lo acusa como el culpable de los desastres de la guerra.
En Viena empieza a cundir el pánico ante una inminente ocupación prusiana de la ciudad. La familia imperial (con la excepción de la madre del emperador, la archiduquesa Sofia) y el gobierno se trasladan a Budapest el 9 de julio. También huyen de la ciudad las clases acomodadas.
Es tal la situación en el imperio que ante el temor de una insurrección húngara, la emperatriz Elisabeth sugiere a Francisco José que nombre al húngaro Andrássy ministro de Asuntos Exteriores para, así, lograr el apoyo de los liberales húngaros, pero el emperador no lo hará por miedo a un posible régimen constitucional.

Imagen de las tropas prusianas ante Sadowa

Finalmente Francisco José cayó en la trampa tendida por Bismarck y concertó una paz aceptable tras la simple derrota de Sadowa. La realidad era que el ejercito prusiano estaba diezmado por una epidemia de cólera y además, económicamente, Prusia no era capaz de financiar una guerra larga a la vez que militarmente no había nada realmente decidido, tan sólo una importante batalla pérdida por Austria. Así pues, de esta manera, Francisco José selló el destino de los Habsburgo, dejando de ser los árbitros de Alemania, y a partir de ahora la monarquía no tendría otro espacio que administrar que el situado entre Alemania y Rusia, es decir, sus propios estados.

El rey de Sajonia Juan I

El 27 de julio se ratificó la convención del armisticio, el cual entró en vigor el 2 de agosto. Con la firma del mismo, Prusia recibirá:

-20 millones de florines
-Se anexionará Hannover, Hesse-Kassel, Frankfourt, Schleswig y Holstein.
-Organizará una Confederación de estados de Alemania del norte
-Y logrará que Austria quede definitivamente excluida de Alemania-

De todas manera, y como una cuestión de honor por la ayuda recibida, Austria exigirá para la firma del armisticio que Prusia no se anexione el reino de Sajonia, condición que finalmente será aceptada por Prusia.

De esta manera los Habsburgo se verán expulsados tanto de Italia como de Alemania, cuna de su verdadera casa y su verdadera razón de ser.

dimecres, 1 / abril / 2009

LA GUERRA AUSTRO-PRUSIANA

"Tempus Fugit" obra de Mila F. que quiere reflejar el fin de una época


Tras el post "Vientos de Guerra", en el que expliqué las causas inmediatas de la denominada Guerra de las Siete Semanas, analizaremos como se desarrolló la guerra.
El imperio austríaco, poco antes de la guerra, cree que no lo tiene todo perdido: al lograr el acuerdo secreto con Francia, el frente italiano quedará en un segundo plano, aunque tendrá que mantener parte del ejercito en el sur de los Alpes en lugar de estar disponibles para la lucha con Prusia.
Las tropas de ambos combatientes estaban bastante igualadas, el ejercito de Austria contaba con unos 528.000 hombres (en el año 1866), de los cuales unos 460.000 ya estaban listos para entrar en combate inmediatamente; aunque Austria no podía disponer de todos ellos para la guerra, ya que tenía que mantener un importante contingente de tropas para mantener las plazas fuertes del imperio limítrofes con Italia y Alemania, además no podía dejar ni la ciudad imperial de Viena ni Budapest (y con ella a toda Hungría) sin fuerzas para defenderlas. Debido a ello, el cuerpo de batalla austríaco era de apenas 300.000 hombres, que se repartían en 10 cuerpos de ejército y 5 divisiones de caballería. Además el imperio tendrá que dividir estas tropas en dos frentes:

-Uno al norte, de unos 238.000 hombres, dirigidos por el general Benedek.
-Otro al sur, de unos 74.000 hombres, dirigidos por el archiduque Alberto.

Por su parte, Prusia disponía de unos 320.000 hombres, de los cuales 30.000 eran de caballería, repartidos en 4 ejércitos y una reserva estratégica dispuesta a entrar en combate en cualquier momento.

De todas maneras, las fuerzas en el norte no son desproporcionadas, ya que Austria podrá sumar a su ejército las tropas de la Confederación que se han aliado con ella (las de Hannover, Hesse, Baviera, Sajonia, etc.). Pero, claro esta, el número de soldados no lo es todo, ya que el ejército imperial austríaco no había adaptado las nuevas innovaciones técnicas en su material bélico, y ello debido tanto a una falta de recursos dinerarios casi congénita y a la ceguera de sus tradicionalistas mandos militares. En cambio Prusia había modernizado todo su ejército, logrando que esta fuera una eficaz máquina de guerra.
A esta diferencia que inclinaba la balanza a favor de Prusia, había que añadir el entrenamiento de las tropas: los prusianos hacían ejercicios de tiro con 5 veces más cartuchos que los austríacos (con lo cual su puntería era mejor), además de participar asiduamente en maniobras militares de entrenamiento. En cambio en Austria se contentaban con realizar vistosos desfiles y simples ejercicios de regimiento. A pesar de todo esto, la artillería austríaca era mucho más moderna que la prusiana y con un alcance de destrucción mucho mayor. Pero lo más lamentable es que el estado mayor austríaco seguía pensando que las victorias sólo se logran mediante arriesgados ataques de bayoneta, y de este modo mientras Prusia dotará a su ejército con fusiles de carga por la culata, en el ejército de Austria seguirán usando el fusil de carga por la boca, y debido a ello las bajas imperiales serán muy numerosas debido a la rapidez de disparo de los fusiles prusianos.

La dirección de los ejércitos volverá a ser otro fallo de Austria, porque de los 208 generales con los que cuenta el imperio, sólo 2 son unos verdaderos comandantes eficaces: el general Benedek y el archiduque Alberto. Y el gobierno, junto al alto mando austríaco, volverán a decidir mal: el archiduque Alberto propone un plan ofensivo audaz que le llevaría a Berlín con el apoyo de los sajones, pero al ser un Habsburgo no querrán que asuma una posible derrota que podría perjudicar la imagen de la dinastía, así que decidirán enviarlo al frente del sur a luchar contra los italianos. En cambio Benedek, que conoce perfectamente el terreno en el norte de Italia, será enviado al norte, en el frente alemán.

Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada

Será una guerra distinta a las demás, que se desarrollará en cuatro frentes: tres terrestres y un frente marítimo. El frente marítimo será en el mar Adriático, donde se enfrentarán las marinas del joven reino de Italia y las fuerzas de la milenaria dinastía Habsburgo. La modesta marina imperial austríaca será mucho más eficaz que la italiana. Los tres escenarios terrestres serán: Alemania, Venecia y Bohemia, y en esta última se decidirá la guerra.

Todo esta preparado y el engranaje militar de todas las potencias en marcha. El cuarto ejército prusiano tendrá la misión de neutralizar a las tropas de la Confederación Germánica, aliadas de Austria. De este modo el general prusiano Von Falkenstein invadirá el reino de Hannover el 15 de junio, corriendo la misma suerte, poco más tarde, Hesse; en la batalla de Bad Rissinger los prusianos derrotarán a las tropas bávaras y tan sólo quedarán en escena Austria y las tropas sajonas.

Los italianos no tendrán la misma suerte que los prusianos. El ejército italiano, comandado por el general La Marmora, es derrotado en Custozza por el archiduque Alberto, con lo cual la moral de las tropas austríacas aumentará; aunque lo lamentable de toda esta situación es que dichas tropas, incluido el archiduque, no saben que, debido al pacto secreto entre Francisco José I y Napoleón III, Venecia está pérdida de antemano y (siempre bajo las teorías del emperador austríaco) se debe luchar sólo por defender el honor.
Los italianos volverán a ser derrotados en la batalla naval de Lisa, el 20 de julio, a pesar de la inferioridad naval austríaca, pero con unos mandos experimentados y excelentes frente a una clara inoperancia militar italiana. De este modo, Italia es expulsada de la guerra.

Será en este momento cuando los prusianos decidirán volcar toda su fuerza en Bohemia y atacar Sadowa, donde se encuentran los tres cuerpos del ejército austríaco y el ejército sajón que se había refugiado en Sadowa tras la invasión del reino de Sajonia por los austríacos (por defender a Austria, Sajonia había quedado indefensa y había sido ocupada por los prusianos). Los prusianos, gracias a unas tácticas militares superiores y gracias también a la poca previsión militar del general Benedek, derrotarán a las tropas austro-sajonas. De este modo, en Sadowa, el tres de julio se ha perdido una importante batalla, pero ¿ha perdido la guerra el emperador Francisco José?. Hay que tener en cuenta que los prusianos están tan sólo a 3 semanas de Viena, aunque en caso necesario se puede trasladar la capital a Budapest y seguir la lucha en Hungria. Pero, a estas alturas, la guerra depende más de lo que piense Francisco José y de la opinión de Viena y Budapest y, sobre todo, de lo que decida Napoleón III que, al menos durante unos pocos días, será quien tenga el destino de Europa en sus manos.

Cuadro "Batalla Naval de Lissa" de Carl Frederik Sorensen

diumenge, 1 / març / 2009

EL ÚLTIMO SOBERANO HABSBURGO (2)


Carlos, Zita y el principe heredero Otto

Al nuevo emperador, los comienzos de 1917 le parecieron óptimos para intentar negociar con Francia unas condiciones de paz. En abril de este mismo año intentó desbloquear la conferencia austro-alemana de Kreuznach, estando dispuesto a ceder Galitzia a una futura nación polaca y, por el bien de la paz, Alemania debería restituir a Francia Alsacia y Lorena, pero, como era de preveer, el gobierno germano se negó en rotundo.
Tras este fracaso, Carlos I confió una misión secreta a su cuñado, el príncipe Sixto de Borbón-Parma. Sixto, usando como pretexto el visitar a su madre en Suiza, hizo de correo entre París y Viena. En una de estas cartas, el emperador se comprometía a apoyar "las justas reivindicaciones francesas" en relación a Alsacia y Lorena. Gran Bretaña se mostró favorable a estas negociaciones, pero fracasaron por culpa de la posición de Italia. Tampoco contó con el apoyo del conde Czernin, que acabó enterándose de estas negociaciones, y que era contrario a firmar una paz por separado.
Carlos no se rendirá en su afán de devolver la paz a sus pueblos, e intentará entablar nuevas conversaciones de paz por mediación de Alfonso XIII, rey de España, del Sumo Pontífice Benedicto XV y de la reina Isabel de Bélgica (de ascendencia alemana). Pero todo fue en vano para el emperador, ya que la nueva clase política francesa había cambiado y deseaban aniquilar a Austria y a su imperio, tan sólo los militares franceses deseaban una paz con Austria-Hungría, pero ellos no podrán decidir, sólo deberán defender la república. Además Carlos deseaba la paz , pero no a costa de abandonar a su aliado, el imperio alemán, ya que no lo consideraba ni honroso ni ético; por ello Austria-Hungría deberá compartir la suerte de Alemania de ahora en adelante, para bien o para mal.


Carlos IV de Hungría, paseando por Budapest tras su coronación


A finales del año 1918 la derrota de los imperios centrales era inminente, por ello, y con el objetivo de intentar detener la fuerza centrifuga de las nacionalidades de su imperio, el 17 de octubre el emperador Carlos intentará transformar a la vieja monarquía en una especie de federación de estados nacionales. Pero este último intento fracasará por dos motivos: en primer lugar porque la guerra ya estaba perdida y las nacionalidades abandonarán el barco que se esta hundiendo y en segundo lugar porque esta actuación del monarca aparecerá como un gesto de debilidad del mismo con el único fin de intentar salvar al Imperio de su desintegración.

Sólo dos días antes de el intento desesperado de Carlos para salvar la doble monarquía, el parlamento húngaro había proclamado la independencia total en relación a la parte austriaca, salvo en la persona del monarca, así, pues, sobre el papel, Carlos y Zita continuaban siendo los reyes de Hungría.

Octubre fue un año difícil para Carlos. Los diputados del área alemana de su imperio se manifestaron a favor de una unión con Alemania, tan sólo los socialcristianos se mostraban partidarios de mantener una monarquía constitucional. El 28 de octubre los checos y los eslovacos se unieron para proclamar la república de Checoslovaquia.

En medio de todos estos acontecimientos, Carlos que permanecía en el palacio de Schömbrunn, en las afueras de Viena, debe recibir a los representantes de la parte alemana de su imperio (los socialdemocratas), los cuales le piden, el 12 de noviembre, la abdicación. Al enterarse de esta petición fue cuando la emperatriz Zita pronunció sus famosas palabras sobre la imposibilidad de abdicar ("...un soberano no debe abdicar (...) Abdicar, NUNCA, NUNCA, NUNCA.....). Finalmente Carlos, con el apoyo de Zita, se negó a abdicar a pesar de que, según sus palabras, "me han amenazado con lanzar a las masas obreras sobre Schömbrunn si no renuncio a la corona... pero yo no abdicaré, ni huiré...", aunque si estuvo de acuerdo en firmar una declaración en la cual no abdicaba, sino que tan sólo renunciaba, momentaneamente, a las tareas de gobierno en la parte austriaca de su imperio; es decir, suspendió temporalmente sus prerrogativas regias, y, en palabras del propio emperador "...la suspensión no me priva de ninguno de mis derechos, porque no renuncio a ninguno". Tras estos acontecimientos abandonó Schömbrunn y se instaló a 2o km. de Viena, en Ekcartsau. Finalmente, para evitar el peligro de una guerra civil en sus territorios y un derramamiento de sangre, partió hacía el exilio con destino a Suiza (23 de marzo de 1919), contando con el apoyo del rey de Gran Bretaña (Jorge V) que quería evitar unos sucesos tan dramáticos como los ocurridos con la familia imperial rusa.
En su exilio en Suiza acabará instalándose cerca del Lago Leman, en Prangins. A la tristeza del exilio pronto se unirán los problemas económicos, ya que el gobierno austriaco expropiará los bienes de la corona y lo mismo harán Hungría y Checoslovaquia.
En el año 1920 se proclamará la república de Austria y en Hungría, tras un breve gobierno comunista, se consolidará la monarquía aunque como jefe de estado será elegido el almirante Nicolás Horthy, que se convertirá en el regente del pais, mientras su soberano permanece en el exilio. Durante el año 1921 Carlos, con el apoyo de algunos compatriotas y políticos húngaros, Carlos intentará recuperar el trono, aunque fracasará en ambos intentos. El motivo del fracaso será el contar con poco apoyo y las reticencias del regente a la vuelta de su soberano. Para muchos Horthy será considerado un traidor, aunque no hay que olvidar (junto a las ambiciones políticas del almirante regente) que las potencias aliadas vencedoras de la guerra amenazaron con una invasión de Hungria si Carlos recuperaba el trono.
Tras el segundo intento de recuperar el trono, el gobierno húngaro pidió a Carlos la abdicación, a lo que él se negó, alegando que en su coronación había jurado ante Dios defender la Corona húngara. Finalmente el parlamento húngaro destronó a los Habsburgo.


Carlos y Zita en su exilio de Suiza

Tras su segundo intento de recuperar el trono húngaro, no se permitió a Carlos volver a Suiza. Su nuevo destino sería la isla portuguesa de Madeira. Allí fallecerá, el uno de abril de 1922, de una bronquitis que degenerará en una doble neumonía. Sus últimas palabras serán para Zita: "te quiero mucho".
Las autoridades portuguesas brindarán a Zita la oportunidad de que el ejército luso le preste los honores militares correspondientes a un soberano, y Zita, profundamente agradecido, decidirá no aceptarlos, ya que no sería adecuado recibir muestras de respeto de un ejército extranjero sin que los ejércitos de sus reinos se lo prestaran.

Iglesia de Nuestra Señora del Monte, en Madeira

Sus restos descansan en la Iglesia de Nuestra Señora del Monte (Madeira), aunque su corazón, junto con el de la emperatriz Zita, reposan en la Abadía de Muni (Suiza), en la Capilla de Loreto.
En el año 1949 empezará la campaña para beatificar al monarca, y en 1959 será declarado "Venerable", como primer paso del proceso de beatificación. Finalmente el Papa Juan Pablo II, el 3 de octubre de 2004, lo declarará Beato de la Iglesia Católica Romana y destacará de su figura el saber anteponer su fe en la toma de decisiones políticas y el ser un buscador incansable de la paz, siendo un ejemplo a seguir por todos y, en especial, por aquellos que tienen responsabilidades políticas.

Como punto final podemos citar unas opiniones de destacados escritores:

Herbert Vivian dirá del emperador: "fue un gran líder, un auténtico príncipe de la paz, que quiso salvar al mundo en unos días de guerra, fue un estadista que pretendió salvar a todos sus pueblos, fue un soberano que amaba a sus pueblos, un hombre sin miedo, un alma noble y distinguida, un santo....."

El novelista Anatole France escribirá: "El emperador Carlos fue el único hombre lo suficientemente decente para salir de una guerra en una posición de liderazgo, pero al ser un santo nadie le escuchará. Quería sinceramente la paz y, debido a ello, el mundo entero lo despreció. Así se perdió una gran oportunidad para el mundo...."

El Papa Pío X, tras una audiencia con un joven Carlos, aún archiduque, dijo de él: "...yo bendigo al archiduque Carlos, que en un futuro será emperador de Austria y sabrá como ayudar a sus países y a sus pueblos siempre con honor, pero nadie se dará cuenta de ello hasta después de su muerte...."



El último adiós a Carlos





dimecres, 4 / febrer / 2009

EL ÚLTIMO SOBERANO HABSBURGO (1)

Retrato del emperador y rey Carlos de Habsburgo

En un post de septiembre de 2008 habíamos hablado de la emperatriz Zita, ahora es el momento de hablar de su esposo, el emperador Carlos. En este caso, y dado el momento histórico que le tocó vivir, nos centraremos más en su vida pública y, para no hacer entradas excesivamente largas, lo dividiré en dos, máximo tres, apartados. Espero que os resulte tan interesante como la vida de la emperatriz Zita.
El nombre completo de Carlos I de Austria, IV de Hungría y III de Bohemia era Karl Franz Josef Ludwig Huber Georg Maria Von Habsburg-Lotharingen, fue el último de los soberanos de la doble monarquía austro-húngara, y su reinado fue breve, tan sólo dos años ( de noviembre de 1916 a noviembre de 1918). Es conocido como Beato Carlos de Austria, Emperador y Rey.
Carlos nació en Persenbeug el 17 de agosto de 1887, hijo de Otón, que era popularmente conocido como el "bello archiduque", y de María Josefa de Sajonia, hija del último rey de Sajonia. Su padre (Otón) era el hermano menor de Francisco Fernando, heredero al trono imperial y real. Otón se caracterizó por llevar una vida disoluta y escandalosa y, en cambio, María Josefa era muy piadosa y prudente y se dedicó en cuerpo y alma a la educación de sus hijos.
Carlos estudió en el prestigioso instituto benedictino de Schottengymnasium (Viena), y a los 18 años, como muchos Habsburgo, abrazó la carrera militar. Fue nombrado oficial de caballería y durante esta época siempre mostró un gran interés por todos los proyectos del archiduque Francisco Fernando, aunque supo mantenerse al margen de la vida política.
En el año 1911 se casa con la princesa Zita de Borbón-Parma, hija del último duque de Parma, con la que tuvo seis hijos, siendo Otto el primogénito. En el año 1912 es ascendido a jefe de escuadra y se instala cerca de Schönbrunn, en el palacio de Hetzendorf.
Desde el inicio de la Gran Guerra, en 1914), ya convertido en heredero del trono tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, y de forma prudente, permaneció al margen de las decisiones del emperador y de su Gobierno, aunque participó activamente en el conflicto, primero como oficial del Estado Mayor en el Cuartel General de Teschen; y en 1916, ascendido a Teniente General del ejército, participó en la ofensiva en el frente italiano a la cabeza del 20º cuerpo, posteriormente fue enviado a Galitzia para levantar la moral de las tropas después de la ofensiva de Broussilou.


Carlos con su madre y su hermano Max.

Tras su subida al Trono (1916), tomó personalmente la dirección de sus ejercitos e instaló el Gran Cuartel General en Baden y una de sus primeras decisiones fue relevar al Mariscal de Campo Conrad que era el Jefe del Estado Mayor (desde 1907) que había dirigido hasta ese momento la guerra, para dejar bien claro que, desde este momento, los militares dejaban de dirigir la política de la doble monarquía. Menos suerte tuvo con el conde Tisza, que era el Primer Ministro de Hungría (Presidente del Consejo Húngaro), el cual logró imponerle un coronación a corto plazo, con lo cual el rey quedó obligado a jurar solemnemente la constitución húngara, lo cual le impidió llevar a cabo cualquier clase de modificación del compromiso austro-húngaro de 1867. El conde le recordó que, según la Pragmática Sanción de 1713, tras la muerte del rey, el nuevo rey de Hungría debía aceptar la corona de San Esteban en los seis meses siguientes. La coronación del rey Carlos IV de Hungría y de la reina Zita fue el último gran fasto de la monarquía, la cual, con este acto, reforzó los lazos de los Habsburgo con Hungría.


Coronación de Carlos como rey de Hungria


Creo interesante explicar, brevemente, como se desarrolló el ritual de la consagración de Carlos como rey de Hungría:

Para tan magno acontecimiento, Budapest se engalanó con arcos de triunfo, tapices y adornos florales, todo ello entre un gran entusiasmo popular. El día elegido para la coronación fue el 30 de diciembre de 1916. Carlos y Zita entran en el Templo de Nuestra Señora al compás del Ecce Sacerdos Magnus. Una vez dentro del Templo, suena el Veni Creator y se inicia el ritual:

-Un Prelado pregunta, en latín, a los obispos y eclesiásticos allí reunidos: -¿Deseáis elevar a este muy insigne caballero, aquí presente, al rango supremo de la realeza?-

-Si, lo deseamos- (contestan al unísono)

-Entonces, el Prelado se vuelve hacía el arzobispo de Kalocsa y le pregunta: -Y vos ¿Creéis que merece recibir esa dignidad?-

-Si, lo creo- responde el arzobispo.

-El Prelado entona un Deo Gratias. Carlos se postra en el suelo y es ungido con los Santos Óleos. A continuación se le muestra una espada, símbolo de poder y dominio.

-ACCIPE GLADIUS (recibe la espada) recita el Prelado. Acto seguido, tres dignatarios, rodeados por los Prelados, le ciñen la espada a la cintura. Carlos, como manda el ritual, la desenvaina y se vuelve hacia la asamblea, blandiendola tres veces. La mantiene el alto y la vuelve a blandir tres veces más. Tras la ceremonia de la espada, le traen el manto real (bordado por Gisela, la esposa de San Esteban).

-Luego el Prelado realiza la siguiente oración: -Ponedle Señor el peso de la soberanía y haced que sea un gobernante fuerte, justo, fiel, sagaz e infatigable.- Se acerca a Carlos portando la Corona y recita la formula ACCIPE CORONAM (recibe la corona). Carlos se arrodilla y es coronado. A continuación pone la corona sobre la espalda de Zita, como símbolo del apoyo que la reina deberá prestar al rey en su misión. Carlos es conducido al trono, donde se le pone el cetro en sus manos: "Recibid el cetro de la Fuerza y de la Verdad, símbolo de la bondad con la que debéis licitar a los buenos y del rigor con el que debéis castigar a los perversos. Debéis guiar a los que viven en el error, levantar a los que desfallecen, confundir a los soberbios y enaltecer a los humildes". El rey toma el cetro en su diestra y con su mano izquierda la manzana de oro de la realeza, adornada con una doble cruz.

Tras el ceremonial, Tizsa grita: ¡ Viva el Rey!, grito que es coreado por los asistentes y por los que aguardan fuera del templo, entre los repiques de las campanas y de los disparos de los cañones. Carlos y Zita están en el trono mientras reciben la reverencia de los allí presentes, en señal de respeto y sumisión. Comienza la Eucaristía y el Rey nombra a los nuevos caballeros según la usanza medieval.

Carlos, más que coronado, fue consagrado rey apostólico de Hungría, y eso pesará mucho en el corazón del soberano, y ninguno de sus pueblos tendrá un lugar tan preciado en Carlos como el húngaro.
Carlos y Zita

El nuevo soberano estaba convencido de que la monarquía dual tenía necesidad de reformas y aún más de concertar la paz, aunque fuera al precio de la ruptura con el imperio de Alemania, ya que él, como buen militar que era, sabía cual era el precio de una guerra larga. En este sentido hemos de fijarnos en sus palabras, antes de ser coronado, que dirigió a todos sus pueblos:
"Quiero hacer lo imposible por desterrar, el el más corto espacio de tiempo, los horrores y los sacrificios de la guerra y devolver a mis pueblos las bendiciones perdidas de la paz tan pronto como lo permitan el honor de las armas, las condiciones vitales de mis estados y de sus fieles aliados y la testarudez de nuestros enemigos... Quiero mantener las libertades constitucionales y los demás derechos y velar con sumo cuidado por la igualdad jurídica para todos. Animado por un amor profundo hacia mis pueblos, quiero consagrar mi vida y todas mis fuerzas a esta sublime tarea"

Pero para llevar a cabo esta tarea a buen término, Carlos dispondrá de un margen de maniobra muy reducido. Podrá apoyarse en Zita (dos hermanos suyos combatian con la Triple Entente, en el ejército belga) y poco más.

Carlos decidió nombrar ministro de Asuntos Exteriores al conde Zernin, miembro destacado de la aristocracia bohemia, que era hostil a la clase política húngara y que ya había servido con el archiduque Francisco Fernando. También quiso hacer una serie de concesiones a los serbios, checos y eslovacos, pero las condiciones precipitadas de su coronación le habían atado las manos en este sentido, al tener que cumplir a rajatabla el compromiso austro-húngaro.

En todo este orden de cosas, el emperador Guillermo II de Alemania desconfiaba de su nuevo aliado, pese a ello, en agosto de 1917, se reanudaron las negociaciones relativas a la unión aduanera entre los imperios centrales con el fin de negociar unas tarifas preferentes para ciertos productos, sin que llegara a una eliminación arancelaria completa ,ya que Austria-Hungría quería proteger a su industria de la competencia alemana. En el orden político ambos imperios tenían profundas diferencias en relación al futuro de Polonia en caso de victoria:

-El Estado Mayor de Alemania pretendía crear un protectorado alemán en la Polonia rusa.

-El imperio Austro-Húngaro quería reunir a todos los polacos de Galitzia y de la Polonia rusa en un protectorado de los Habsburgo, transformando la monarquía dual en una triple monarquía (austro-húngara-polaca).